21 de septiembre de 2010

¿QUÉ QUERRA DIOS PARA MÍ?

PARA ORAR
Yo era una persona de esas que se dicen “buenas”: me gustaba alegrar la vida de los demás y compartir con ellos la felicidad y las risas. Pero me preguntaba a mí mismo: ¿qué querrá Dios de mí, si ya soy “bueno”?
Un día – por despiste- se me ocurrió asomarme a la ventana de mi felicidad y descubrí la mirada triste del que está sólo, del que está injustamente marginado, el llanto del niño que tiene hambre, el dolor del enfermo, la lucha del que no tiene trabajo, la tristeza del que no tiene quien lo quiera…
Todos me tendían sus manos. Yo no entendía su queja y les decía:
“Yo ya soy feliz y bueno ¿qué queréis?
Desde la ventana de mi felicidad, yo me preguntaba: “Dios, ¿qué hay que hacer para seguir siendo “bueno”?
Y Tú, Señor, respondías siempre: “Escucha a mis hermanos, escucha a tus hermanos”.
Tus manos y tus pies heridos me sugirieron: “Sé los pies del cojo, los ojos del ciego, la voz de los mudos. Sé el pan del hambriento, la fuerza del que lucha por la vida, la alegría del triste. Llora con ellos y ríe con ellos”.
Yo te pregunté: “Y mi alegría, mi felicidad, mi comodidad, mis planes…?
Tú tan sólo me respondías siempre: “Escucha a tus hermanos”.
Decidí convertir la ventana de mi felicidad en una gran puerta: hice de mi tiempo el tiempo de ellos; de mis días, nuestra vida; de mi alegría, nuestra alegría, de mi fe, tu presencia, Señor.
Hoy me presento ante ti con las heridas, el hambre, y los problemas de mis hermanos, Señor. Y soy feliz”.
(Fuente desconocida)