20 de noviembre de 2010

SALMO DEL SILENCIO

Aquí estoy, Señor, como un grano de arena en el desierto.
Aquí estoy, Señor, a pie descalzo en tu espera.
Aquí estoy, Señor, con el corazón abierto a la escucha.
Aquí estoy, Señor, buscando paz en tu respuesta.
Quiero estarme junto a ti, sentado a tus pies,
sin pensar, ni buscar, sensible al que llega.
Quiero hacer escucha de mi corazón aturdido.
Quiero estarme en gratuidad contigo, aquí y ahora.
Quiero unificar mi ser y ser en tu ser.
Siento mi mente, Señor, confusa y saturada
del ruido de los hombres y mujeres perdidos en la selva;
siento mi mente cargada de recuerdos doloridos
o en huída silenciosa del presente como fiera.
Siento mi corazón agitado por el ruido sordo
de los sentimientos colgados en pesadas cuerdas.
Siento el volcán que me hierve cuando sufro,
la pisada, la opresión, el abandono o la indiferencia.
Señor, de corazón manso y humilde, hecho de paz,
da serenidad con tu ternura a la tempestad que arrecia.
Aquí estoy, Señor, llena de ruidos.
Quiero silencio, para escuchar tu Palabra desde el corazón
que anhela volver de nuevo al origen, al paraíso,
y, al caer la tarde, encontrarse con tu presencia.