17 de diciembre de 2010

TÚ QUE ANDAS SOBRE LA NIEVE

Ahora que la noche es tan pura y que no hay nadie más que Tú,
dime quién eres.
Dime quién eres y qué agua tan limpia tiembla en toda mi alma;
dime quién soy yo también;
dime quién eres y por qué me visitas,
por qué bajas hasta mí, que estoy tan necesitado,
y por qué te separas sin decirme tu nombre.
Ahora que la noche es tan pura y que no hay nadie más que Tú.
Ahora que siento mi corazón como un árbol derribado en el bosque,
y aun el hacha clavada en él siento,
aun el hacha y el golpe en mi alma,
y la savia cortada en mi alma.
Tú que andas sobre la nieve.
Ahora que alzo mi corazón y lo alzo
vuelto hacia Ti mi amor,
y lo alzo
como arrancando todas mis raíces,
donde aun el peso de tu cruz se siente.
Ahora que el estupor me levanta desde las plantas de los pies
y alzo hacia Ti mis ojos,
Señor,
dime quién eres,
ilumina quién eres,
dime quién soy yo también,
y por qué la tristeza de ser hombre. Tú que andas sobre la nieve.
Tú que al tocar las estrellas las haces palidecer de hermosura;
Tú que mueves el mundo tan suavemente que parece que se me va a derramar el corazón;
Tú que habitas en una pequeña choza del bosque donde crece tu cruz;
Tú que vives en esa soledad que se escucha en el alma como un vuelo diáfano;
ahora que la noches es tan pura,
y que no hay nadie más que Tú,
dime quién eres.
Ahora que siento mi memoria como un espejo roto y mi boca llena de alas.
Ahora que se me pone en pie,
sin oírlo,
el corazón.
Ahora que sin oírlo me levanta y tiembla mi ser en libertad,
y que la angustia me oscurece los párpados,
y que brota mi vida, y que te llamo como nunca,
sostenme entres sus manos,
sostenme en la tiniebla de tu nombre,
sostenme en mi tristeza y en mi alma, Tú que andas sobre la nieve…
(Leopoldo Panero)