28 de septiembre de 2011

SALMO DEL CAMINANTE

Empiezo a caminar de nuevo, Señor de los espacios, hasta lo más profundo del Misterio. Me atrae, irresistible, la luz de tu horizonte; tu voz me mana dentro, y ... se hace fuerza impulsora de mis sueños.

Caminante, Señor... ¡Ser caminante!... ahondando la hondonada donde habite el silencio. Caminante, Señor... ¡Ser caminante!... con equipaje austero, con voluntad y empeño. Puebla, Señor, mi alma de caminos y cálzame los pies con tu llamada; tensa en amor el arco de mis pasos y lánzame al país de tus Secretos. Llena de entrega el cuenco de tus manos y amásala en la vieira de mi espera. Pon en mis dedos el bastón de marcha: fiel amigo en mis horas de cansancio... Cruz, aupando mi débil resistencia tras la dura verdad de la calzada.

Acabo de beber el agua fresca, aquí en la tarde, y ya mi cantimplora se estremece con sed ardiente... Con ausencias nuevas... Llénala de tu paz y tu presencia, ¡que yo pueda saciarme, oh Dios, con ellas! Ponme el manto, y reviste mi silueta con la audacia que brota del desierto. Abre mi ser, Señor, a la sorpresa que se esconde en la aurora de mi senda y en la llama del último destello.



Hazme, Señor, sentirme compañero en ruta hacia la fe y la confidencia. Hazme, Señor, sentirme compañero, hermano de las aves y los vientos, del río, de la roda y las estrellas, de los chopos y el tiempo. Hazme, Señor, vivir en compañía: compartiendo palabras, pan y suelo, comprendiendo la historia de las gentes y sintiendo el latido de los pueblos. Caminante, Señor... ¡Ser caminante!... Intentando caminos tierra adentro. Caminante, Señor... ¡Ser caminante!... abriéndome a las sorpresas de tus sendas, siempre nuevas.


(Fuente desconocida tomada de internet)