4 de diciembre de 2012

IkeADVIENTO


“No merezco que entres en mi casa” – dijo un hombre a Jesús (Mt 8, 5-11) . Pero él, con esa rebeldía fecunda que cambió el mundo, decidió entrar. Entró para quedarse (“¡Quiero quedar en tu casa!” – le dijo también a Zaqueo). En aquella casa, en todas las casas, en tu casa, en la casa que somos y en el mundo que es casa de todos.

Quizá no seamos dignos, quizá no merezcamos esa visita tan especial, pero él – ese okupa atrevido – ya ha entrado y quiere quedarse. Nosotros, aturullados, ocultamos la vergüenza del desastre casero y nos afanamos intentando arreglar la casa para el invitado que ya llegó. Para nuestro mayor rubor, él no tarda en empuñar la escoba para juntarse a la labor doméstica. Pero va más allá.

Te invita a sentarte a su lado en tu viejo sofá, desarruga una hoja en blanco que llevaba en el bolsillo y, entregándote un lápiz de muchos colores, te pregunta con una mirada desafiante: “¿Cómo quieres que sea tu casa?”

Acoge ese eterno compañero de casa y soñad juntos la nueva decoración…
(dejo aquí un catálogo con algunas ideas que quizá te ayuden en este proceso)