26 de mayo de 2013

Testigo del camino

Cuando ves a las personas 
al final de un proceso, de unos años, 
reconoces desde fuera el camino recorrido, 
admiras el milagro del cambio, 
la transformación que día a día se ha ido dando 
y ante ello sientes una alegría que te sobrecoge, 
porque el resultado va más allá de nuestras manos, 
y nos invita a reconocer y celebrar 
al Dios que habita en la vida. 

Pero a veces no parar el ritmo diario, 
vivir la normalidad de lo cotidiano 
nos impide reconocer, descubrir, 
acompañar y cuidar la semilla que va germinando, 
y cuando después de un tiempo 
el árbol ya comienza a dar fruto, 
se retoman los signos, las señales 
y se reconoce y celebra 
al Dios que invita en la vida.
 

Y ser testigo del camino ajeno te vuelve agradecida, 
te une a otros, te hace ser comprometida, 
pues cómo no ayudar 
a que hagan su camino, 
cómo no exigir para todos 
la posibilidad de un crecimiento digno, 
donde puedan desarrollar capacidades, ilusiones, sueños, 
descubrirse a sí mismos
y poder juntos reconocer y celebrar 
al Dios que invita a la vida 

Ana Zubiri, FI

(tras la graduación de 2º Bachillerato)